Intervención del Embajador Vicente Vallenilla, Representante Permanente Adjunto de la República Bolivariana de Venezuela, en el debate general de la Segunda Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en nombre del Grupo de los 77 y China

Nueva York, 30 de Septiembre de 2002


Señor Presidente:
Señor Subsecretario General:

Es un honor dirigirme a esta Comisión durante su Debate General, en nombre del Grupo de los 77 y de China. Permítame, en primer lugar, felicitarle a usted nuevamente y reiterar el compromiso de apoyo y total cooperación del Grupo de los 77 y China tanto a la Presidencia como al resto de los miembros de la Mesa a fin de garantizar el éxito de nuestras deliberaciones. Asimismo, agradecer, en nombre del G-77 y China al Subsecretario General, Señor Nitin Desai, por su elocuente, inspiradora y visionaria declaración.


Señor Presidente:

Desearía comenzar con la misma interrogante del Subsecretario General ¿En que coyuntura histórica nos encontramos? Estamos llegando al final de un año que ha sido especial. ¿Especial? Si, podemos calificarlo como especial. Porque ha sido el año de los compromisos para asegurar una nueva era. El siglo y el nuevo milenio fue inaugurado con un prestigioso compromiso conocido como las Metas de Desarrollo del Milenio, con objetivos específicos de corto plazo para profundizar la lucha contra la pobreza en el mundo. Inmediatamente después, hemos negociado intensamente con nuestros socios del lado desarrollado dos conferencias especiales, dos cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno: Monterrey y Johannesburgo. Un año especial, porque en los dos consensos, cada cual con sus virtudes y defectos, nos hacen sentir la esperanza de la transformación del orden económico. Hay posibilidades de intensificar la cooperación internacional, de transformar las relaciones económicas internacionales, si avanzamos en los compromisos que se adoptaron y si no hay resistencia en esta Asamblea General hacia la evolución natural de los consensos y hacia la construcción de unas condiciones y unas relaciones más justas. Estamos conscientes de las dificultades económicas de los países desarrollados en este particular momento, pero hay que buscar nuevas e imaginativas fórmulas para canalizar recursos y tecnologías hacia el desarrollo. Ese es el primer paso para crear mejores condiciones de vida para evitar los conflictos políticos, militares, el terrorismo, las manifestaciones radicales, la exasperación de la sociedad civil y la evolución paulatina hacia la ruina de las instituciones y el anti-desarrollo de las naciones de los países en desarrollo. Los Ministros de Relaciones Exteriores del Grupo de los 77 se reunieron el 19 de septiembre y expresaron su grave preocupación por la situación económica internacional.

La actual situación económica mundial es desfavorable para todos. Europa, Estados Unidos, Japón, entre otros, están recibiendo el impacto de esta situación. Pero si es difícil para ellos, como será para nosotros los países en desarrollo. Qué dificultades tan enormes para los más débiles, los países de menor desarrollo, qué dificultades para los países de ingresos medios que dependen de sus exportaciones de manufacturas, de productos agrícolas y de materias primas, cuyos precios y aranceles profundizan su crisis. Lamentablemente no hay un ambiente internacional favorable. La reunión Ministerial del Grupo de los 24, en Washington DC, en el cual tuve el honor de participar como orador el día viernes, ha señalado la enorme preocupación sobre la economía mundial, ya que los indicadores son peores que lo eran en la reunión de abril. El reto que se presenta es monumental y debemos vencerlo, si no queremos correr el riesgo de que las disparidades presentes hoy se vuelvan permanentes y la credibilidad del sistema multilateral sea puesta en entredicho.

Al respecto, hacemos un llamado a los países desarrollados a adoptar políticas y medidas macroeconómicas oportunas y apropiadas para incrementar el crecimiento económico y asegurar una mayor estabilidad global. Asimismo, instamos a renovar la voluntad política y el espíritu de alianza internacional para el desarrollo, así como la creación de un ambiente económico internacional propicio y la adopción de medidas efectivas con miras a apoyar los esfuerzos de los países en desarrollo para alcanzar el crecimiento económico sostenido, el desarrollo sustentable y el fortalecimiento de sus sistemas democráticos, al tiempo que reafirmamos el papel fundamental de los gobiernos nacionales en el proceso de desarrollo de cada país.

La globalización ha sumado una nueva dimensión a estos problemas. Es cierto que este fenómeno ha creado oportunidades, pero también crea efectos derivados de la distribución no equitativa de sus beneficios. Si no se crean las condiciones favorables, si no actuamos de inmediato, estaríamos creando las condiciones para profundizar y lo que es peor, perpetuar, los problemas del mundo en desarrollo.

Por lo tanto, el Grupo de los 77 y China hace un llamado para el establecimiento de un orden económico internacional equitativo para que se adopten medidas que permitan asegurar la participación y el beneficio de los países en desarrollo de la globalización, en particular, a través de su completa y efectiva participación en todos los procesos de toma de decisión con miras a resolver los problemas económicos mundiales.

El comercio es uno de los recursos más importantes para impulsar el desarrollo sobre la base de un sistema comercial multilateral, universal, predecible, transparente, abierto, basado en reglas, no discriminatorio y equitativo, aunado a la liberalización comercial significativa. Deseamos reiterar la importancia fundamental y esencial de poner las necesidades e intereses de los países en desarrollo al centro de la agenda de la OMC y de facilitar el ingreso de los países en desarrollo en términos justos y razonables, tomando en cuenta las particularidades de cada país.

El sistema comercial multilateral consagrado en la Organización Mundial de Comercio ha facilitado el crecimiento económico y el desarrollo en los últimos cincuenta años. Es necesario mantener el proceso de reformas y liberalización de las políticas comerciales de manera justa, a fin de asegurar que este sistema juegue un papel determinante en la promoción del desarrollo y crecimiento económico y garantice que los frutos que genera el sistema comercial multilateral, sean cosechados por todos, en particular los países en desarrollo, y tenga como centro al ser humano.

Enfatizamos la importancia del acceso mejorado y predecible a los mercados para los productos de interés de importación de los países en desarrollo, a través de la reducción de tarifas y la eliminación de las crestas arancelarias y la progresividad arancelaria, de prácticas proteccionistas que distorsionan el comercio, barreras para-arancelarias, así como de los subsidios a la agricultura. También expresamos preocupación por el alto impacto de las medidas anti-dumping y anti-subsidios. Reiteramos que ellas no deberían ser usadas con propósitos proteccionistas. En este contexto, notamos con preocupación que, a pesar de las expectativas creadas a raíz de la Conferencia Ministerial de Doha, poco ha sido el avance alcanzado hasta ahora en las negociaciones comerciales que se adelantan en Ginebra.

La Conferencia Internacional sobre el Financiamiento para el Desarrollo fue el fruto de décadas de insistencia por parte de los países en desarrollo para buscar un acercamiento entre las Instituciones de Bretton Woods y las Naciones Unidas y lograr la discusión del desarrollo de manera integral y como elemento central de la agenda global, dejando atrás años de debates parcelados en torno a temas como el comercio, la deuda, la asistencia oficial al desarrollo, por mencionar sólo algunos. Su sola celebración constituye un hito en el debate internacional. Monterrey es un conjunto de compromisos que ha de trascender, sobre todo por la reforma de la arquitectura financiera internacional. Su implementación y su desarrollo debe tomar cuerpo cada vez más. Las instituciones financieras internacionales, en particular, el Banco Mundial y el FMI comienzan a insertarse en ese movimiento. La reunión del sábado pasado del Comité de Desarrollo de ambas instituciones, ha centrado su debate en torno a como aplicar los acuerdos de la Cumbre sobre Financiación para el Desarrollo. Monterrey es el comienzo de un proceso práctico de hacer mas expedito el flujo de recursos financieros para el desarrollo a través de mecanismos como la AOD, de las inversiones extranjeras y de nuevas fórmulas que deben explorarse como la utilización de los DEG. Monterrey, debe traducirse como la necesidad de aumentar la eficiencia de los mecanismos de financiación para el desarrollo sustentable. De allí su vínculo con lo acordado en Johannesburgo. El Grupo de los 77 y China están comprometidos a desarrollar los alcances del Consenso de Monterrey.

La Cumbre de Johannesburgo es el resultado de la preocupación de la comunidad internacional del incumplimiento en la ejecución de los compromisos de Río de Janeiro de 1992. En la Cumbre de Johannesburgo nos hemos comprometido en un Plan de Aplicación que contiene metas y acciones concretas de parte de la comunidad internacional a fin de lograr la completa y debida puesta en práctica de la Agenda 21 para la búsqueda de un desarrollo de los pueblos de la tierra que no comprometa el futuro de futuras generaciones y facilitar la erradicación de la pobreza. La adopción del Plan de Acción constituye un esfuerzo importante para alcanzar el desarrollo sustentable al destacar la necesidad de fortalecer la cooperación internacional para la erradicación de la pobreza, el cambio de los patrones de producción y consumo y el manejo integral de los recursos naturales y reafirmar la visión acordada en la Agenda 21 hace diez años.

La Asamblea General tiene una tarea de particular importancia en las decisiones para el seguimiento de la implementación de los resultados de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable, incluyendo el Programa de Trabajo de la Comisión de Desarrollo Sustentable para los próximos diez años. Los compromisos alcanzados se deben traducir en acción, reflejo de la voluntad política de los Estados. En este sentido, instamos a la comunidad internacional a implementar los resultados de la Cumbre de manera equilibrada.

El Grupo de los 77 y China se complace en reconocer, una vez más, que la comunidad internacional ha reafirmado la importancia del Principio de la responsabilidad común pero diferenciada como una prueba de su continua relevancia y validez en las discusiones relativas al desarrollo sustentable. El establecimiento del Fondo Internacional de Solidaridad como un nuevo instrumento para contribuir a la erradicación de la pobreza y la promoción del desarrollo humano y social de los países en desarrollo, cuyas modalidades debemos definir en esta Asamblea General; el reconocimiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) como el mecanismo financiero para la Convención contra la Desertificación; y la reposición del GEF, constituyen ejemplos tangibles que requieren voluntad política y acciones concretas de seguimiento para su debida implementación. Asimismo, Le damos la bienvenida al acuerdo en Johannesburgo de negociar en el marco de la Convención sobre Diversidad Biológica un régimen internacional sobre la distribución justa y equitativa de los beneficios que surjan de la utilización de los recursos genéticos.

Para el Grupo de los 77 y China la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD) representa un logro significativo para esta tan importante región del mundo en desarrollo que requerirá toda la cooperación y apoyo de la Comunidad Internacional. El Grupo de los 77 y China acogen con beneplácito el apoyo otorgado por el Grupo de los 8, y la reciente Declaración adoptada en ocasión de la Sesión plenaria de alto nivel de la Asamblea General para examinar la forma de prestar apoyo a la Nueva Alianza para el Desarrollo de Africa.

El Grupo de los 77 y China acogen con satisfacción el establecimiento por la Asamblea General de la Oficina del Alto Representante para los países menos adelantados, los países en desarrollo sin litoral y los pequeños Estados insulares en desarrollo y, en este sentido, hacen un llamado a la comunidad internacional para que implemente de manera cabal el Programa de Acción para los PMAs para la década 2001-2010 y la Declaración de Bruselas adoptada por la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los PMAs en mayo de 2001.

En 1994 las Naciones Unidas adoptaron el Plan de Acción de Barbados para los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo. En 2004, la isla de Mauricio será la sede de la Conferencia que se encargará de revisar la aplicación de este Plan. El Grupo de los 77 y China reconoce las necesidades especiales de los pequeños Estados insulares en desarrollo en el contexto del desarrollo sustentable. En este sentido, apoya la decisión de llevar adelante una revisión completa y comprensiva de la puesta en práctica del Plan de Acción en 2004, tal como se acordó en el Plan de Acción de Johannesburgo.

La Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, que se realizará en Ginebra, del 10 al 12 de diciembre de 2003 y posteriormente en Túnez en 2005, abordará una amplia gama de asuntos relativos a la Sociedad de la Información, y como resultado se prevé una visión común y una mejor comprensión de la transformación de la sociedad. Se espera que la Cumbre adopte una Declaración de Principios y un Plan de Acción para facilitar el desarrollo efectivo de la Sociedad de la Información y ayudar a colmar la brecha digital.

Dentro de este marco para la acción internacional este período de sesiones de la Asamblea General tiene ante si un gran reto: llevar a la práctica el debido seguimiento y la adecuada implementación de todos y cada uno de los compromisos adquiridos por parte de las Naciones Unidas en su esfera económica y social. Muchas son las expectativas que se han creado y muchas los esperanzas de los países en desarrollo. Debemos honrar con responsabilidad estos compromisos. De lo contrario poco será lo logrado hasta la fecha y muchas las consecuencias negativas que acarrearían el incumplimiento, no solo a nivel nacional y regional, sino en esta casa de las Naciones Unidas que ha abrigado esperanzas desde su misma concepción y que deberá cristalizar en acciones concretas los compromisos asumidos. Mantengamos el espíritu mismo de la creación de las Naciones Unidas y no tergiversemos los ideales de aquellos visionarios de la paz, la seguridad y el desarrollo económico y social de nuestros pueblos, como garantes de su legado. De nosotros depende que el futuro de la diplomacia multilateral sea reconocido como herramienta fundamental a favor del desarrollo económico, social y ambiental y prevalezca como muestra indiscutible de la solidaridad y cooperación internacional en aras de un futuro mejor.

¡Esta es la coyuntura histórica en que nos encontramos!

Muchas Gracias.