(Transcripción)

PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, HUGO CHAVEZ FRIAS, DURANTE EL ACTO DE TRANSMISIÓN DE LA PRESIDENCIA DEL GRUPO DE LOS 77 DE LA REPÚBLICA ISLÁMICA DEL IRÁN A LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

Nueva York, 11 de enero del 2002


Excelentísimo Señor Kofi Annan, Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas;
Excelentísimo Señor Kamal Karrazi, Ministro de Asuntos Exteriores de la República Islámica del Irán;
Honorable Señor Bagher Asadi, Representante Permanente de la República Islámica del Irán ante las Naciones Unidas;
Honorable Señor Mourad Ahmia, Secretario Ejecutivo del Grupo de los 77;
Honorables Señores Delegados de los Países Miembros del Grupo de los 77;
Ciudadano Luis Alfonso Dávila, Ministro de Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela y demás miembros de la Comitiva Oficial;
Compatriotas venezolanos y venezolanas;
Ciudadano Milos Alcalay, Representante Permanente de la República Bolivariana de Venezuela antes la Organización de Naciones Unidas;
Embajadores de Venezuela antes los organismos de las Naciones Unidas;
Distinguidas personalidades invitadas especialmente a este acto;
Señores representantes de los medios de comunicación social;
Trabajadores, trabajadoras y empleados de las Naciones Unidas,
Señoras y Señores,

 

En primer lugar, quiero darles un caluroso saludo de año nuevo a todos ustedes, a los gobiernos que representantes, a nuestro Secretario General y a todos los funcionarios de Naciones Unidas, a los gobiernos y más allá de los gobiernos a los pueblos que deben ser siempre los verdaderos gestores de los caminos de la historia. Pidamos que así sea cuando comienza este año 2002 de este milenio tercero de nuestra era.

Quiero comenzar haciendo un reconocimiento a la hermana República Islámica del Irán por sus gestiones en este año que concluye. Ya oíamos a nuestro hermano Kharrazi hacer una exposición y un resumen, y aprovechamos para enviar un saludo al Presidente Khatami de quien sabemos su disposición, su permanente voluntad y vocación integracionista y de lucha por la cooperación Sur-Sur y por la búsqueda de caminos hacia la paz, hacia la integración y hacia el desarrollo integral. Reconocemos desde la presidencia del G-77 el esfuerzo y los logros que Irán aportó a nuestro Grupo de los 77, y por tanto a Naciones Unidas y a los pueblos del mundo.

Quiero también agradecer a todos ustedes, especialmente al Grupo Latinoamericano, por la confianza depositada en Venezuela, por esa elección a finales del año 2001 para que Venezuela ocupe esta altísima responsabilidad. Y vengo aquí precisamente para decirlo, para agradecerlo y ahora que - esto también es muy bueno, por primera vez que estoy aquí en Naciones Unidas hablando sin el bombillo rojo que colocan allá y por lo tanto sin ninguna presión de tiempo - decir un poco también de entrada por qué yo estoy aquí.

Porque es una costumbre ya que este acto de transmisión del martillo de la responsabilidad de presidir nuestro Grupo, pues vino quedando delegada en ustedes, en los cancilleres fundamentalmente. Sin embargo, a finales del año pasado evaluábamos diversos elementos de la coyuntura mundial que estamos viviendo y decidimos venir aquí, fundamentalmente por dos razones o fundamentalmente por dos y para dos cosas esenciales. Primero, para dejar constancia con la presencia de este servidor acerca de la importancia que Venezuela, que nuestro gobierno, que nuestro pueblo, que nuestra revolución, le da a estos espacios de diálogo, de búsqueda de caminos nuevos par el mundo. El mundo vive una coyuntura difícil, una coyuntura preocupante. Hoy más que ayer, hoy más que hace 38 años cuando nación el Grupo de los 77, hoy más que hace 50 años y un poco más cuando estaba naciendo Naciones Unidas, es imperativo que el mundo se ha invadido por el ánimo y la voluntad del diálogo, del consenso y la búsqueda no de viejos caminos, definitivamente de nuevos caminos porque hay razones poderosísimas para que todos los que aquí estamos estemos preocupados por la suerte del mundo, estemos preocupados por el futuro del mundo, y no solo del Tercer Mundo, o del Cuarto Mundo, o del Quinto Mundo, sino de todo el mundo, es un solo mundo. Alguien comenzó a dividirnos en primero, segundo y tercero, por visiones geográficas o económicas, pero en el fundo todos estamos en este mismo barco como aquellos que viajaban en el Titanic, por ejemplo. Y este mundo no puede dividirse en dos o en tres. La suerte es de todos, y los acontecimientos del año 2001, dolorosos, cruentos, horribles del terrorismo aquí en esta ciudad, en esta Nueva York, en esta hermosa ciudad de la que uno aprendía hace años en las primeras lecciones del English Book 1. Cuando estudiábamos inglés uno recuerda una lección que decía: “New York, New York, the city where the people live on the ground, travel under the ground and work in the sky.” O aquella canción creo que de Sinatra: “New York, New York, if you can make it in New York, you can make it anywhere”. En esta bella ciudad aquellos actos que nos horrorizaron a todos, y que todavía están impactando e impactarán durante mucho tiempo la sociedad, el equilibrio psicosocial de la sociedad no sólo de New York, de los Estados Unidos, sino del mundo entero.

Así que ese comienzo del siglo con tambores de guerra y con horrores de terrorismo, y ese otro terrorismo de la miseria de todos los días del hambre, de los niños que se mueren desnutridos, por miles en el mundo de las amenazas de nuevos conflictos, pues son razones muy poderosas, insisto hermanas y hermanos, para que debatamos en el mundo. Pero mirándonos a los ojos, sin cinismo de ningún tipo, sin “fariseísmo hipócrita” como decía Jesús el de Nazaret cuando hablaba como un látigo y decía a los poderosos de aquél entonces, fariseos hipócritas que quieren limpiar la copa por fuera pero no la ven por dentro, está llena de injusticia, hay mucho cinismo en el mundo, hay mucho doble discurso en el mundo. Se habla de paz y se arremete contra puebles inocentes. Se habla de desarrollo, y se hunden millones en la miseria. Creo que es momento de hablar sin temores de las verdades del mundo, de los dolores del mundo, de las llagas del mundo, para buscar su sanazon, que es lo que estoy seguro todos queremos. Lo que pasa es que tenemos distintos enfoques, distintos diagnósticos, como cuando hay un grupo de médicos que no se ponen de acuerdo en torno a una enfermedad. No, lo que tiene es tuberculosis; no, lo que tiene es cáncer; no, lo que tiene es locura. Comienza cada quien a dictar recetas mientras el mundo se muere de hambre, de guerras, de terrorismo y de miseria. Esa es una verdad. Hay que reconocer, hay que comenzar por reconocerla para buscarle verdaderas soluciones, antes de que sea demasiado tarde. Por esto, para ratificar la importancia vital que mi gobierno, que nuestro pueblo le da a estos espacios de debate, pero debate que debe llevarnos a la acción práctica y rápida. No podemos sentarnos a debatir cien años más mientras los males del mundo ..... [falla de audio] .... por todos los continentes. No quiero abusar de ustedes, pero no estoy preocupado por el reloj, ni estoy mirando a nadie que me hace una seña por allá con un cartón rojo.

¿Por qué, en segundo término, quise venir aquí a compartir esta mañana con ustedes? Porque además de esta primera idea yo quiero hacer un llamado de aquí a los Jefes de Estado del mundo, a los Jefes de Gobierno del mundo, a los soberanos, a todos los que como este humilde servidor por circunstancias particulares en cada país, tenemos una responsabilidad transitoria y hemos recibido en delegación de nuestros pueblos el poder para tomar decisiones. Yo quiero hacer un llamado, y esto lo estoy haciendo en casi todos los espacios, en casi todos los mecanismos de integración a los que pertenece Venezuela. En Suramérica la Comunidad Andina de naciones, el Grupo de los Tres, la Asociación de Estados del Caribe, es un llamado a que incrementemos el nivel de voluntad política a los más altos niveles para asumir grandes decisiones. En los últimos años, en mi criterio, pareciera que la política, la gran política fue desterrada de los espacios del mundo. Claro, me parece que eso fue parte de un plan después de la caída del Muro de Berlín, después de la caída de la Unión Soviética, entonces se pretendió imponer en el mundo la idea del fin de la historia, se acabó el camino, llegó la era del pragmatismo, la era tecnócrata, ya no hace falta la política, es la mano invisible del mercado que todo lo puedo y que todo lo arregla. Es la tesis del neoliberalismo salvaje, nefasta tesis que tanto daño le ha hecho al mundo durante siglos, y ahora a finales del XX pues vino de nuevo con su veneno, con su egoísmo, sin alma, a tratar de desterrar la política. Ya Platón mucho antes de Cristo hablaba y escribía de la politeya, la toma de decisiones que afectan al colectivo. Entonces creo que la política fue desterrada o quiso ser desterrada. Creo que se impone ahora la revancha de la política, el retorno de la gran política. No es cierto que la mano invisible del mercado va a solucionar los malos del mundo. Eso es absolutamente falso. Es una idea nefasta, diabólica incluso. Hemos visto cómo el neoliberalismo en pocos años amenaza con acabar pueblos enteros. Amenaza y ha echado abajo gobiernos. Ha llevado a países que de estar rozando el primer y el segundo mundo, de repente han dado salto al infierno, a las puertas del quinto infierno, el desempleo, la pobreza, la explotación, la desigualdad, la injusticia y de allí a los conflictos sociales, y de allí a los conflictos políticos, y de allí a los conflictos violentos solo hay un paso. De allí a las guerras intestinas solo hay paso. Es diabólico el neoliberalismo y desde aquí quiero repetirlo y quiero hacer un llamado a todos los Jefes de Estado del Grupo de los 77 para que asumamos con mayor voluntad, con mayor coraje, unidos las responsabilidades que tenemos en esta instancia tan importante para el mundo, y para llevar adelante nuestras metas, nuestros objetivos.

El mundo está en mutación, sin duda. ¿Hacia dónde vamos? Podríamos preguntarnos. Y creo que habría muchas respuestas pero creo que todas pudieran estar sujetas al azar o a la improvisación. No hay ninguna tesis en este momento que pudiéramos decir bien sustentada para responder a esta pregunta. ¿Hacia dónde va el mundo? ¿Cuál es el camino para este siglo? Yo le comentaba a nuestro Secretario General de Naciones Unidas Kofi Annan antes de venir a esta reunión, que en mi criterio si el Grupo de los 77 tuviera que tener una constitución, tuviera que tener un plan estratégico de largo aliento para el siglo, y unos objetivos como la constitución de Venezuela que aquí cargo siempre al lado de mi corazón, porque es el mandato del pueblo el que la ha establecido, y cargarla siempre para recordarla, y para comprometernos con su cumplimiento por encima de los intereses particulares, sectoriales o partidistas o individuales, hay un sueño colectivo, hay un mapa de navegación colectivo. Si el Grupo de los 77 tuviera que tener una constitución para idear su ideología, su doctrina, su navegación en el mapa del mundo, bien pudiéramos tomar la Declaración del Milenio, aquella que aquí debatimos en Naciones Unidas el año 2000 y que firmamos los Jefes de Estado del mundo y que asumimos como un compromiso existencial con metas bien establecidas. Fue aquella declaración en la que tanto trabajó nuestro Secretario General y que comienza diciendo, o comienza enarbolando una hermosa bandera, “Nosotros los pueblos”, porque los pueblos son la esencia de la esfuerzo de la política, del esfuerzo de la economía, del esfuerzo de las relaciones internacionales, el objetivo tiene que ser los pueblos, su vida, su dignidad, su soberanía, su desarrollo integral, su desarrollo humano, su felicidad, diría el padre libertador de América, Simón Bolívar.

Y si el Grupo de los 77 requiriese también un plan estratégico de acción, ya lo tenemos: la Declaración de la Habana de hace casi dos años. He allí los instrumentos para el trabajo diario que Venezuela asume al incorporarse a esta gestión en la presidencia del Grupo de los 77, y pido a todos los representantes de nuestros 133 países que asumamos, que continuemos asumiendo como se ha venido asumiendo este año que transcurrió bajo la presidencia de Irán, afinando las estrategias, los objetivos, dinamizando nuestro contactos, pero insisto en la necesidad de una mayor participación de los Jefes de Estado y de los Jefes de Gobierno. Es una diplomacia presidencial de alto nivel, necesaria para revitalizar y fortalecer el espacio del Grupo de los 77. Esto es válido para el Grupo de los 15 también, que por casualidad estamos presidiendo, que estamos trabajando en Venezuela ya para la Cumbre de junio de este año del Grupo de los 15. Allí también es necesario articular, fortalecer, dinamizar. El mundo cabalga y a veces uno siente que los líderes caminamos, como dicen allá en mi tierra, como el entierro de pobre: un paso adelante y dos atrás.

Ahora, cuando nosotros tomamos la Declaración del Milenio, válida como es, legítima como es, firmada por todos los Jefes de Estado del mundo, y por supuesto nosotros G-77, que como sabemos conformamos cuatro quintas partes del mundo. Somos el espacio más grande de diálogo, de liberación y de búsqueda de caminos en el planeta: América Latina, África, Asia y Oceanía. Cuatro quintas partes del mundo. Si nosotros revisamos esos objetivos de la Declaración del Milenio, habría que preguntarse como nos preguntábamos ya en ese entonces en las deliberaciones de aquellos días aquí mismo en Nueva York, una pregunta que yo considero que es clave y vital. Porque si leyéramos aquí los objetivos de la Declaración del Milenio, todos lo tendríamos que aplaudir sin duda. Pero la gran pregunta es cómo lograr acercarnos a esos objetivos.

Por ejemplo, yo recuerdo uno: que para el año 2015, dice la Declaración, reduzcamos a la mitad de que lo que para entonces había, el número de pobres y de marginales en el planeta. Han pasado dos años y unos meses. Habría que preguntarse y habría que preguntarle a los organismos encargados de hacerle seguimiento a esto, si hemos dado algún paso en esa dirección. Yo creo que no. Yo creo que más bien hemos dado paso en la otra dirección. Se sigue incrementando el hambre y la pobreza en el mundo. Es para preocuparse esto, definitivamente para preocuparse. Ahora, vamos a respondernos, vamos a tratar de respondernos en el G-77 como que es que vamos a cooperar con Naciones Unidas en la búsqueda de esos objetivos.

Por ejemplo, yo preguntaría: ¿vamos a llegar a esos objetivos en el marco de los modelos económicos que hoy imperan en el mundo? Vuelvo a insistir en el tema en el marco del neoliberalismo, por ejemplo. ¿Es que vamos en esa dirección con ese modelo a cuestas? La respuesta para nosotros es indudable. No, definitivamente no. Es que vamos a acercarnos a esa meta con el actual esquema de intercambio comercial en el mundo mientras los países desarrollados, nos explicaba y nos informaba hace pocos meses en Lima en la Cumbre Iberoamericana el Vicepresidente del Banco Mundial y el Presidente de la CEPAL? Nos daban algunas cifras, y unas cifras que allí revisábamos se trata o tiene que ver con el subsidio que en los países desarrollados le dan a la producción de sus naciones. La cifra ronda mil millones de dólares por día en subsidios a la producción de alimentos, de bienes y de servicios, y nos exigen a nosotros los países del segundo, del tercero, del cuarto, del quinto, del sexto y del séptimo mundo, que no se puede subsidiar la producción nacional porque eso sería violar las leyes de la mano invisible del mercado. ¿Es que vamos a ir por allí, vamos nosotros a aceptar la mayoría de los habitantes del planeta la imposición de una minoría privilegiada? Veinte por ciento de la población del mundo de los países desarrollados consume ochenta por ciento de los bienes y servicios que se producen en el planeta. Se ha demostrado que si nosotros los pueblos del Tercer Mundo y más allá lográsemos como por arte de magia algún mago que llegara y lograse que todos en un instante, que todos en el mundo obtuviésemos el mismo nivel de vida de los países desarrollados, se ha demostrado que harían falta diez planetas tierra para sustentar el modelo de desarrollo que se ha impuesto en el mundo. ¿Es hacia allá que vamos? ¿Vamos a acabar con los bosques, vamos a acabar con las aguas, vamos a acabar con la capa de ozono, vamos a acabar con la vida de nuestros nietos y de los nietos de nuestros nietos? ¿Es eso lo que queremos? ¿Es ese el modelo de desarrollo por el que vamos a seguir encarrilándonos, el de la muerte, el del infierno?

Creo que son temas para debatirlos, pero yo creo que hace mayor coraje, creo que hace mayor vibración en la discusión de estos temas, más allá de los discursos repetitivos que se oyen por todas partes. Hacen falta decisiones y decisiones, algunas de carácter urgente. Que bueno sería, por ejemplo, debatir sobre el armamentismo y tomar decisiones, el gasto militar, las bombas sólo matan gente, las bombas inteligentes. Algunas no son tan inteligentes. Le apuntan a alguien y le pegan a unos niños y le pegan a unos ancianos. Cosas de la bomba. ¿Vamos a seguir por el camino de las guerras, el gasto de miles de millones de dólares en tecnología de la muerte y de la destrucción? ¿Es que no hay voluntad de cambio de verdad o vamos a seguir con el cinismo y el fariseísmo hipócrita de siempre, de hablar de paz por un lado pero estar gastando miles de millones de dólares en fábricas de armas y de destrucción masiva?

O el tema de la deuda externa, por ejemplo. El tema de la deuda de la deuda externa no se quiere abordar. Yo he hecho hasta el ensayo. En algunas reuniones de presidentes lanzo el globo de ensayo. Casi nadie asume el tema, pero ni siquiera para debatirlo. Ni si quiera para revisar números como éstos, por ejemplo, que dicen que América Latina hace 20 años tenía una deuda de unos 700 mil millones de dólares, y en estos 20 años ha cancelado más de 800 mil millones y ahora su deuda es de unos 900 mil millones. Ha dicho Fidel Castro, “la deuda eterna”. Y es eterna la deuda. Nunca vamos a terminar de pagarla. Es exponencial. Mientras tanto los pueblos se hunden en la miseria.

Venezuela, que conduce una revolución pacífica y democrática, poco comprendida en algunas partes del mundo, satanizada en algunas partes del mundo, con cinismo porque es un proceso democrático. Siete elecciones hemos hecho en Venezuela en dos años y medio. Dos referéndum popular por primera vez en la historia consultando al país. Un debate de un año, un debate infinito donde participaron hasta los niños, hasta los indígenas que estaban por allá en los recovecos oscuros de la selva para definir una constitución de las más avanzadas del continente, donde se establecen los derechos humanos y el estado social de derecho y de justicia, y sin embargo nos condenan en algunas partes del mundo sin conocimiento de causa. Es muy fácil desde lejos estar condenando procesos sin conocerlos por dentro. Venezuela, un país bendito por la mano de Dios con infinitas riquezas, fue conducido a un grado de pobreza increíble que ha rayado el 80 por ciento en los últimos años. Un país con grandes reservas de petróleo, de gas, de agua, de tierra fértil, un inmenso mar Caribe que compartimos con muchos pueblos hermanos de esta región de América Latina y el Caribe, reservas de hierro, de aluminio, de oro, de piedras preciosas, 23 millones de habitantes, un millón y tantos de kilómetros cuadrados con el mar territorial, 80 por ciento de pobreza es el resultado. ¿Qué pasó allí? La aplicación de un modelo político disfrazado de democracia que explotó, robó, saqueó a un pueblo entero. Y ahora que este pueblo ha retomado su propia bandera con dignidad y conduce una revolución pacífica y democrática, pues es mal entendido en algunos centros de poder del mundo. Y eso también hay que decirlo. Eso también hay que reclamarlo porque aquí se trata de que todos tenemos nuestra soberanía y debemos defenderla ante la pretensión de policías universales que pretenden condenar desde lejos los procesos soberanos de nuestros pueblos. Pues en Venezuela se ha comenzado a intentar la transformación de un modelo económico y un modelo político, en paz y en democracia, pero transformación al fin. Y Venezuela viene aquí a ponerse a la orden para ese gran debate. Porque creo que es vital. En Venezuela lo vimos y decidimos en paz, y la gran mayoría aprobó en referéndum esta constitución para buscar un Estado de justicia, de distribución equitativa del ingreso, una economía productiva, una economía que genere empleo y no-desempleo.

Pero lo que les quería decir es que Venezuela con la pobreza que tiene, con la exclusión social de que es víctima, con el hambre, con el desempleo con que llegamos hace tres años ya, sin embargo hemos tenido que estar pagando una deuda externa. En estos últimos tres años hemos pagado casi 15 mil millones de dólares en deuda externa. Y no somos de los países más afectados en América por este problema. Pero eso son temas que es necesario debatir y tomar decisiones, y eso solo se puede hacer a nivel de los Jefes de Estado, bien asesorados por los grupos de expertos, por ustedes embajadores, por ustedes cancilleres, por ustedes los técnicos que deben alimentar la toma de decisiones para avanzar hacia un mundo más justo. Así que el debate sobre la democracia, sobre la economía, sobre la cooperación internacional, creo que es uno de los grandes debates que Venezuela está dispuesta ha contribuir, a avivar, a dinamizar este año asumiendo esta responsabilidad con mucha humildad, pero con mucho coraje que hoy asumimos hacia los 40 años del Grupo de los 77. ¿Plan estratégico? La Declaración de la Habana. Hemos propuesto y dejaremos para su consumo el Plan de Acción que proponemos para el 2002. Nuestro Embajador Milos Alcalay ya lo ha estado trabajando, lo ha estado explicando, y pedimos la cooperación de todos lo más pronto posible. Eso sí, las críticas, los aportes al debate para que haya un buen plan de acción viable orientado hacia la gran estrategia, orientado hacia la Declaración del Milenio y la Declaración de La Habana. Ya lo decía nuestro hermano Kharrazi, ellos trabajaron muy duro por la institucionalización del G-77. Hay que recordar que en casi 40 años la única cumbre que se ha hecho fue la de La Habana y allí se decidió que cada cinco años debe haber una Cumbre. Estaremos trabajando muy duro este año. Ya hemos acordado, y así le informo a ustedes, dentro de pocas semanas Dios mediante estará en Caracas nuestro hermano y amigo, el Presidente de Nigeria Olugesun Obasanjo. Porque hemos decidido, él es el Presidente de la Conferencia de Presidentes por cinco años hasta la próxima Cumbre. Pero aún no se ha decidido dónde va a ser la próxima cumbre. Yo creo que es tiempo de tomar la decisión. ¿Vamos a decidir faltando cuatros meses para improvisar una vez más como en tantos otros espacios? Esto es demasiado importante. Así que he planteado a mi amigo y hermano Obasanjo. Él va a venir a Caracas y vamos a buscar la manera de apurar esa decisión y de comenzar a trabajar con equipos mucho más concretos los grandes temas hacia la Segunda Cumbre de Presidentes del Grupo de los 77.

Por otra parte, en cuanto al diálogo Norte-Sur, también debo informarles señores embajadores, y les ruego le informen a sus gobiernos, y les ruego que nos hagan llegar las críticas, las opiniones porque se trata de buscar el consenso. En eso estamos absolutamente de acuerdo, de buscar posiciones de equilibrios y estamos trabajando arduamente para ello. En ese sentido debo informales que como Presidente del G-15 y a sabiendas de que estábamos en la mesa propuestos para presidir G-77, hemos iniciado contactos con algunos líderes del G-8. De manera particular he conversado con el Presidente Chirac, con el Primer Ministro Berlusconi quien era Presidente del G-8 hasta el 31 de diciembre del 2001. Luego con el Primer Ministro del Canadá, Jean Chrétien, quien ha asumido la Presidencia del G-8. Luego con el Presidente Putin de la Federación Rusa. Y con estos líderes hemos conversado sobre la necesidad - también se lo comenté al Primer Ministro Tony Blair - de reactivar, de darle vida, pero vida efectiva, concreta y constructiva al tan pregonado y trillado diálogo Norte-Sur, del cual se habla tanto pero a veces pareciera un diálogo en el desierto, un diálogo de sordos. Creo que es vital. El 11 de septiembre es como un campanazo. No queremos terrorismo, no queremos guerra, no queremos muerte. Queremos vida, queremos un mundo de dignidad, y para eso tenemos que oírnos. Tenemos que autocriticarnos, censurarnos con respeto, con afecto, pero con mucha sinceridad.

Y yo soy de los que cree, en primer lugar, no es que tengamos nada contra el mundo desarrollado. No, son nuestros hermanos, tantos los del primer mundo como los del octavo o décimo mundo, son nuestros hermanos. Pero como hijos de Dios tenemos que sentarnos a decirnos nuestras diferencias y a buscar soluciones al drama que todos nos afecta, especialmente a los pobres del mundo, a los condenados de la tierra como decía Frantz Fanon. A los condenados por la pobreza, por el hambre. Cada tres segundos muere un niño de hambre en la tierra según las estadísticas. ¿Eso no le duele a nadie? Claro que nos duele. Pues vamos a buscar soluciones, pero no mañana. Hoy. Es muy probable, así lo ha manifestado el Primer Ministro Chrétien, Presidente del G-8, que tengamos algún encuentro antes de las sendas cumbres del G-8 a mitad de año y la del G-15 por una parte. Pero ahora yo lo voy a plantear como Presidente del G-77. Pero para ello necesito de la aprobación, del apoyo y de la solidaridad y del aporte de los Jefes de Estado y los Jefes de Gobierno de los 133 países del Grupo de los 77. Pero creo que esa es una de las metas fundamentales: reavivar el diálogo Norte-Sur así como nuestra cooperación entre nuestros pueblos de América Latina y el Caribe, de Asia, del África, de Oceanía, la cooperación concreta del Sur con el Sur más allá de la palabra. Venezuela en ese sentido ha hecho algunos modestos aportes. País petrolero como somos y conscientes de que los precios del petróleo, justos para nosotros, sin embargo afectan a muchos países de nuestro entorno geopolítico especialmente de Centroamérica y el Caribe. Por ejemplo, hemos firmado el año antepasado y lo hemos renovado el año pasado, y lo hemos ampliado hace poco a algunos países caribeños como Guyana, algunos países Sudamericanos como el Paraguay, un Acuerdo Energético de Caracas. Así lo hemos llamado, a través del cual le vendemos petróleo o derivados a estos países con grandes dificultades fiscales, de pobreza y de desarrollo, con algunas condiciones de ventaja. Para cooperar de alguna manera, hemos propuesta al Fondo de la OPEP que se repotencie y que financie también algunos países del Caribe y de Centroamérica, y hace poco presidiendo como estábamos la Cumbre del Caribe, firmamos un convenio de cooperación entre el Fondo de la OPEP, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social que hemos creado en Venezuela, y la Asociación de Estados del Caribe para cooperar con los pueblos más pobres del planeta. Pero eso no basta. Esos son muy modestos esfuerzos hasta donde podemos. La cooperación de los más poderosos con los más pobres hay que reavivarla, hay que reactivarla y hay que reactivarla. Y eso sale solo de la conciencia. Y la conciencia solo se logra a través del debate crudo y del diálogo, y de la revisión de los escenarios y de los riesgos que son comunes para todos.

Pues estaremos trabajando también para las cumbres del 2002 que ya señalaba el canciller Kharrazi. Vital es la de financiamiento en Monterrey, la de Johannesburgo del desarrollo sustentable, la de la FAO, la Cumbre de la Infancia, la Cumbre del Envejecimiento, en todas esas cumbres estaremos y en sus preparaciones, en sus trabajos preparatorios estaremos cooperando con todo lo que podamos, con toda nuestra alma en primer lugar porque es el alma la que mueve en primer lugar. Con nuestra mente, con nuestras ideas, con nuestra buena voluntad y con nuestra fe y sobre todo con el inmenso optimismo que cargamos en el pecho y en el corazón de que el mundo tiene que ser viable, el mundo tiene que tomar camino de redención. Hay demasiado fuerza moral, hay demasiada angustia, demasiad esperanza, demasiada fuerza colectiva para que así lo sea. Así va a ser. Estoy seguro que así va a ser. Y aquí hay que armarse con el optimismo aquel del que nos hablan los poetas como el del canto de mí mismo, Walt Whitman. Ya que estamos en este territorio de los Estados Unidos para saludar a su pueblo, a su gobierno con todo afecto y con sentimiento fraterno para recordar a Whitman cuando decía “Lo lograremos. No importa si en quinientos años o en cinco mil años. Pero lo lograremos, seguro como la más segura certidumbre de que lo lograremos.”

Pues bien, para todo esto, queridos hermanos, queridas hermanos, Señor Secretario General, vine pues a decirles que cuenten con Venezuela, que cuenten con nuestro Gobierno, que cuenten con nuestro pueblo, que cuenten con nuestra alma y que cuenten con nuestras banderas que son las mismas de Simón Bolívar, uno de los más grandes de América, el libertador de medio continente cuando dijo, entre tantas cosas, y con esto termino este saludo y estas palabras asumiendo esta responsabilidad, encomendándonos a Dios y en nombre de nuestro pueblo. Como dijo Bolívar: “Hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad.”

Muchísimas gracias.